
Conocí a esta gran banda canadiense hace relativamente pocos años gracias a mi hermano menor, que en esto de sonidos alternativos siempre ha sido mi referente. Del Canadá de los Blue Rodeo, Cowboy Junkies o el maestro Neil Young estos cuatro tipos saben lo que es tocar y de que manera. Ecos de los Flyin' Burrito, Gram Parsons o los mismísimos Byrds flotan en cada acorde de sus elaboradas guitarras, de sus grandes melodías llenas de amabilidad y de fuerza, en su actitud y puesta de largo, en su perseverancia, en su música. Una banda que suele pasar desapercibida hasta que se cruza en tu camino y se queda para siempre.
A la antigua usanza y rezumando buen gusto y un sonido exquisito, resultado de mezclar unas cuantas partes de surf, garaje, country, western y una gran dosis de rock & roll del bueno, los de Toronto, han forjado temas que te transportan en el tiempo desde los desiertos más polvorientos y calurosos de la costa oeste americana hasta carreras de dragster a ritmo de cowboys, queroseno y alguna que otra Betty Boop en carne y hueso. Sus temas, interpretados con suma maestría, consiguen en tu cabeza y durante poco más de dos minutos, una extraña sensación de paz y frenetismo que hacen del momento, una sorprendente panacea para el buen criterio personal y parietal.
Ladys and gentlemen, con todos ustedes, The Sadies…